La crisis electoral en Honduras se ha intensificado con la intervención de Estados Unidos, que ha impuesto restricciones de visa a funcionarios electorales por presuntamente “socavar la democracia”. Esta medida, en medio de un demorado y tenso escrutinio, ha generado un fuerte rechazo en el país centroamericano, donde se denuncia una afrenta a la soberanía nacional. A más de dos semanas de las elecciones generales, Honduras sigue sin un presidente oficialmente proclamado, con un estrecho margen entre los candidatos Nasry Asfura y Salvador Nasralla. El proceso de escrutinio especial de miles de actas con inconsistencias se ha visto retrasado por la negativa de partidos a acreditar personal y por protestas.
En este contexto, Washington ha aumentado la presión, primero advirtiendo con “consecuencias” si no se iniciaba el conteo y luego sancionando a un magistrado y un consejero electoral.
La medida ha sido mal recibida por parte de la población hondureña, que expresa su “molestia” por lo que consideran una injerencia directa de EE.
UU. en sus asuntos internos.
La situación se ha politizado aún más con la presidenta Xiomara Castro denunciando un “golpe electoral” y una “intervención extranjera” por parte de Estados Unidos, mientras convocaba a la policía a “cerrar el paso”. Por su parte, la OEA ha descartado un fraude electoral, pero ha señalado la necesidad de reexaminar cerca de 2.800 actas, manteniendo la incertidumbre sobre el resultado final.
En resumenEstados Unidos ha intervenido activamente en la incierta elección presidencial de Honduras mediante la sanción a funcionarios electorales, una acción que Washington justifica como una medida para proteger la democracia. Esta intervención ha exacerbado la crisis poselectoral y ha provocado acusaciones de injerencia extranjera y violaciones a la soberanía dentro de Honduras.