Sin embargo, las posturas de ambos bandos parecen irreconciliables, con el Kremlin insistiendo en sus objetivos y Kiev debatiendo la posibilidad de celebrar elecciones en medio del conflicto. La crudeza del conflicto se evidenció con el ataque ucraniano a la terminal petrolera de Tamanneftegaz en Krasnodar y la respuesta rusa sobre la región de Odesa. La tensión se elevó aún más con la muerte del teniente general Fanil Sarvarov, un alto mando del Estado Mayor ruso, en un atentado con coche bomba en Moscú, del cual el Kremlin sospecha de los “servicios especiales ucranianos”. En el frente diplomático, Estados Unidos ha impulsado negociaciones, proponiendo una cumbre tripartita en Miami, y asegura que un acuerdo “está más cerca que nunca”.

No obstante, Rusia ha desmentido la existencia de dicha cumbre y mantiene una postura inflexible.

El presidente Vladimir Putin declaró que, aunque está abierto a un “acuerdo de paz”, alcanzará sus objetivos “por la vía militar” si es necesario, afirmando que “la pelota está en el campo” de Kiev. Por su parte, el presidente francés Emmanuel Macron ha aceptado dialogar con Putin para buscar una “paz sólida”.

Mientras tanto, la Unión Europea ha mostrado su apoyo a Ucrania prorrogando las sanciones económicas contra Rusia hasta 2026 y acordando un préstamo de 90.000 millones de euros para Kiev, financiado con deuda común ante la falta de consenso para utilizar los activos rusos congelados.