La administración Trump no descarta una confrontación militar, generando una enérgica respuesta de Caracas y la preocupación de la comunidad internacional. La ofensiva estadounidense se materializó con la orden del presidente Donald Trump de un “bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados que entren y salgan de Venezuela”, calificando al gobierno de Nicolás Maduro como una “organización terrorista”. Esta directriz fue seguida por acciones concretas, como la incautación de al menos dos buques petroleros y la persecución activa de un tercero en aguas internacionales, mientras se monitorean otros 18 navíos. Caracas ha denunciado estas acciones como “robo” y “piratería internacional”, y ha desplegado buques de su Armada para escoltar a sus petroleros. La escalada ha provocado una fuerte reacción internacional.
China y Rusia respaldaron a Venezuela, calificando las medidas de Washington como “intimidación unilateral” y forzando una reunión de urgencia en el Consejo de Seguridad de la ONU. En América Latina, las posturas están divididas: el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, advirtió que una intervención podría ser una “catástrofe humanitaria” y, junto a México, se ofreció a mediar.
En contraste, líderes como Javier Milei de Argentina han celebrado la presión sobre Maduro.
El propio Trump ha mantenido una retórica beligerante, afirmando en una entrevista que no descarta la guerra y que el líder venezolano “sabe exactamente lo que quiero”.












