Francia e Italia lideran la oposición, solicitando un aplazamiento que podría extenderse hasta 2026. La principal preocupación proviene del sector agrícola europeo, que teme la competencia desleal de productos sudamericanos como carne, azúcar y soya, que estarían sujetos a regulaciones medioambientales y sanitarias menos estrictas.
Miles de agricultores han protestado en Bruselas, argumentando que el acuerdo perjudicará su sustento. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, busca firmar el pacto durante la cumbre del Mercosur, pero el bloque sudamericano ha mostrado su impaciencia.
Brasil advirtió que si el acuerdo no se firma pronto, Mercosur podría priorizar a otros socios comerciales como Japón o el Reino Unido.
Los legisladores de la UE han intentado calmar las aguas respaldando controles más estrictos sobre las importaciones agrícolas, pero una minoría de bloqueo dentro del Consejo Europeo, liderada por Francia, podría ser suficiente para impedir la ratificación final del tratado. La tensión refleja el difícil equilibrio que la UE debe encontrar entre sus ambiciones comerciales globales y la protección de sus sectores económicos internos.












