La administración del presidente Donald Trump está intensificando su política migratoria de línea dura, con planes para aumentar la revocación de la ciudadanía a inmigrantes naturalizados y la ampliación de las restricciones de entrada a ciudadanos de más países. Estas medidas, que alarman a expertos y defensores de los derechos de los inmigrantes, buscan reforzar el control sobre quién puede ingresar y permanecer en Estados Unidos. Según una guía interna del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) filtrada a la prensa, el gobierno busca multiplicar el número de casos de desnaturalización, con una meta de revocar la ciudadanía a unas 1.500 personas al año a partir de 2026.
Este proceso se aplicaría a personas que hayan obtenido la ciudadanía por presunto fraude o irregularidades.
Los críticos advierten que esta política presenta serios retos éticos, políticos y prácticos, y podría generar un clima de miedo entre los ciudadanos naturalizados.
Paralelamente, la Casa Blanca ha ampliado la prohibición de entrada y las restricciones de viaje a ciudadanos de más de 30 nacionalidades, incluyendo a Siria y la Autoridad Nacional Palestina, bajo argumentos de seguridad nacional. Además, se suspendió el programa de visas de diversidad tras un tiroteo en la Universidad de Brown, reavivando el debate sobre los controles de ingreso. Estas acciones se complementan con un mayor reclutamiento de agentes para la Patrulla Fronteriza y un discurso antimigrante que ha incluido el uso de videos polémicos por parte de agencias gubernamentales.
En resumenEl gobierno de Trump está implementando un significativo endurecimiento de su política migratoria, que va desde la revocación de ciudadanías hasta la expansión de prohibiciones de viaje. Estas medidas reflejan una estrategia de control fronterizo y migratorio más estricta, generando una fuerte controversia y preocupación por sus implicaciones legales y humanitarias.