La situación se ha tensado aún más por la intervención de Estados Unidos, que ha presionado para que se definan los resultados y ha advertido con “consecuencias”. Dos semanas después de los comicios, aún no se ha proclamado un ganador.
La contienda está muy reñida entre el candidato conservador Nasry Asfura, apoyado por Donald Trump, y el derechista Salvador Nasralla.
El proceso se ha estancado debido a miles de actas con inconsistencias que deben ser sometidas a un escrutinio especial.
En este clima de incertidumbre, la presidenta Xiomara Castro y su esposo, el expresidente Manuel Zelaya, han denunciado una “intervención extranjera” y un intento de “golpe electoral”, llamando a sus bases a movilizarse. Estas protestas han derivado en enfrentamientos violentos y la militarización del centro de escrutinio.
Estados Unidos ha jugado un papel activo, llamando a iniciar el conteo especial “de inmediato” y advirtiendo contra cualquier acción que perturbe el orden público. La oposición, por su parte, acusa al expresidente Zelaya de intentar un “autogolpe” al bloquear el proceso para evitar la proclamación de un nuevo mandatario. La Organización de Estados Americanos (OEA) ha descartado un fraude, pero la falta de resultados definitivos y la polarización política mantienen al país al borde de una crisis de gobernabilidad.












