Un ataque terrorista durante una celebración de Janucá en la playa de Bondi, en Sídney, ha dejado al menos 16 muertos y ha conmocionado a Australia. Las autoridades han vinculado el atentado a la ideología del Estado Islámico, lo que ha reavivado el debate sobre la seguridad nacional y el control de armas en el país. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, declaró que los atacantes, identificados como Sajid Akram y su hijo Naveed, parecían estar motivados por la “ideología del grupo” Estado Islámico. El ataque fue calificado como un acto terrorista antisemita dirigido contra la comunidad judía que se reunía para celebrar la festividad.
Uno de los atacantes ya estaba bajo investigación desde 2019 por presuntos vínculos con miembros del EI, aunque en ese momento no se consideró una amenaza activa.
La masacre, en la que murieron personas de entre 10 y 87 años, ha sido la peor de este tipo en Australia en casi tres décadas. Como respuesta, el gobierno ha anunciado que evaluará un endurecimiento de las leyes de armas, incluyendo posibles límites al número de rifles y una revisión de los procesos de licenciamiento. La tragedia también ha destacado actos de heroísmo, como el de Ahmed al Ahmed, un ciudadano que desarmó a uno de los atacantes y fue elogiado por las autoridades por salvar “innumerables vidas”. El ataque ha puesto de manifiesto la evolución de la amenaza yihadista y la capacidad de individuos para llevar a cabo actos de violencia extrema inspirados por grupos terroristas.
En resumenEl atentado en Bondi Beach ha expuesto la vulnerabilidad de Australia al terrorismo de inspiración yihadista y ha generado una fuerte respuesta del gobierno, que planea reforzar sus leyes de armas. El ataque ha dejado una profunda herida en la comunidad judía y en la nación, al tiempo que ha reabierto el debate sobre cómo prevenir la radicalización y la violencia extremista.