La operación, descrita por el presidente Donald Trump como una “represalia muy seria”, marca una intensificación de las acciones militares estadounidenses en la región. La ofensiva, denominada Operación 'Ojo de Halcón', fue una represalia directa por una emboscada cerca de Palmira en la que murieron dos soldados y un intérprete civil estadounidenses. El presidente Trump había prometido una respuesta contundente tras el ataque, y las fuerzas armadas bombardearon más de 70 objetivos del grupo yihadista en el centro de Siria. En su red social Truth Social, Trump describió la acción como una declaración de fuerza. Un analista militar, Pete Hegseth, la calificó como una “declaración de venganza”. Estos ataques se producen aproximadamente un mes después de que el nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, sucesor de Bashar al-Assad, se reuniera con Trump en la Casa Blanca. Esta reunión sugiere un nuevo nivel de cooperación entre Washington y el nuevo gobierno en Damasco en la lucha contra los remanentes del Estado Islámico. La ofensiva militar estadounidense subraya que, a pesar de la caída del régimen de Assad y los cambios en el panorama político sirio, la amenaza del EI persiste y Washington está dispuesto a utilizar la fuerza militar para proteger a su personal y sus intereses en la zona.