Un violento ataque terrorista en la icónica playa de Bondi en Sídney ha dejado al menos 16 muertos y decenas de heridos, conmocionando a Australia y al mundo. El atentado, perpetrado durante una celebración de la festividad judía de Janucá, ha sido atribuido por las autoridades a la ideología del Estado Islámico y calificado como un acto antisemita. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, declaró que los atacantes, identificados como Sajid Akram y su hijo Naveed, parecían estar impulsados por la “ideología del Estado Islámico”. Uno de los atacantes ya estaba bajo investigación desde 2019 por presuntos vínculos con miembros del EI, aunque en ese momento no se consideró que representara una amenaza.
El tiroteo, que duró aproximadamente nueve minutos, tuvo como objetivo un festival judío, lo que llevó a las autoridades a calificarlo como un “ataque dirigido” y terrorismo antisemita. En respuesta, el gobierno ha anunciado que evaluará un endurecimiento de las leyes de control de armas.
El incidente ha provocado una condena mundial, incluyendo un llamado del Papa León XIV para acabar con la violencia antisemita. La investigación también sigue una pista que vincula a los atacantes con una visita a Filipinas, en una isla conocida por ser un bastión de combatientes afiliados al EI. En medio de la tragedia, ha surgido la figura de Ahmed al Ahmed, un ciudadano que desarmó a uno de los tiradores y ha sido elogiado como un “héroe” por salvar “innumerables vidas”.
En resumenEl atentado en Bondi Beach ha expuesto la vulnerabilidad de Australia ante el terrorismo de inspiración yihadista y el creciente antisemitismo global. El ataque no solo ha dejado un saldo trágico de víctimas, sino que también ha abierto un debate nacional sobre la seguridad, el control de armas y la influencia de ideologías extremistas en el país.