El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intentó posicionarse como mediador al anunciar un alto el fuego, pero Bangkok negó rápidamente dicho acuerdo.
Horas después de la declaración de Trump, Camboya afirmó que aviones tailandeses continuaron bombardeando su territorio.
Las autoridades tailandesas, por su parte, sostienen que los ataques seguirán.
El conflicto ha provocado una grave crisis humanitaria, con cientos de personas huyendo diariamente de los combates en el norte de Camboya. El número de víctimas incluye tanto a militares como a civiles de ambos países. La situación pone de manifiesto la profunda desconfianza entre las dos naciones y la dificultad de resolver una disputa territorial arraigada en la historia, a pesar de los esfuerzos diplomáticos previos que involucraron a China y Malasia.












