El presidente Trump anunció que ambos países habían acordado un cese de las hostilidades, una afirmación que fue rápidamente desmentida sobre el terreno. El gobierno de Tailandia negó la existencia de dicho acuerdo, mientras que Camboya denunció que aviones tailandeses continuaron bombardeando su territorio horas después de la declaración del mandatario estadounidense. Este cruce de acusaciones y la continuación de los combates subrayan la profunda desconfianza entre ambas naciones y la dificultad de alcanzar una solución duradera sin abordar las causas fundamentales del conflicto. La crisis humanitaria se agrava con cientos de miles de civiles huyendo de las zonas de combate, lo que aumenta la presión sobre los gobiernos y las organizaciones internacionales para encontrar una vía que ponga fin a la violencia y atienda a la población afectada.