La tregua, descrita como un “frágil respiro”, no ha logrado detener por completo las hostilidades.

Informes indican que el Ejército de Israel ha violado el acuerdo en numerosas ocasiones, causando la muerte de al menos 379 palestinos en los dos primeros meses del alto el fuego, incluyendo ataques selectivos contra altos mandos de Hamás. La situación humanitaria es desesperada para los más de 1.5 millones de desplazados, quienes enfrentan el invierno en refugios precarios.

Fuertes lluvias han devastado los campamentos, provocando inundaciones y muertes por hipotermia y derrumbes de edificios dañados por bombardeos previos.

Israel continúa bloqueando la entrada de suministros esenciales, lo que agudiza la escasez. En el plano legal y político, un informe de Amnistía Internacional ha concluido que Hamás cometió crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra durante los ataques del 7 de octubre, documentando una “agresión sistemática y generalizada” contra civiles. En este contexto, Khaled Mechaal, exlíder de Hamás, ha propuesto congelar el armamento del grupo a cambio de una tregua a largo plazo, una oferta que surge en medio del debate sobre el desarme del movimiento islamista.