En respuesta al avance del M23 y por temor a un desbordamiento del conflicto, Burundi ha cerrado su frontera con la RDC y ha desplegado tropas para apoyar a las fuerzas gubernamentales congoleñas. El conflicto persiste a pesar de un acuerdo de paz firmado por Ruanda y la RDC con la mediación de Estados Unidos. El fracaso de este acuerdo es evidente, ya que continúan los ataques y bombardeos, que agravan la crisis de desplazados. El M23 afirma que está defendiendo a sus partidarios contra el ejército congoleño, un conflicto que se mantiene desde 2022. La implicación de actores externos, en particular el presunto respaldo de Ruanda al M23, sigue siendo un elemento central y desestabilizador del conflicto.