Esta proyección de poder está generando nuevas tensiones geopolíticas a nivel mundial.

La estrategia de Pekín es multifacética.

Militarmente, China ha botado su portaaviones de última generación, el 'Fujian', un paso significativo para desafiar el dominio naval de Estados Unidos en el Pacífico. Esta medida se alinea con informes de que el presidente Xi Jinping ha ordenado al ejército que sea capaz de tomar Taiwán para 2027, lo que ha provocado un endurecimiento de la disciplina militar. Esta asertividad también es visible en el espacio aéreo regional; Corea del Sur se vio obligada a desplegar cazas después de que nueve aviones militares chinos y rusos entraran en su Zona de Identificación de Defensa Aérea. Las tensiones con Japón también se han recrudecido después de que un caza chino supuestamente apuntara a un avión japonés con su radar.

En el plano económico y diplomático, China está estrechando sus lazos con América Latina y el Caribe a través de una nueva "hoja de ruta" centrada en el desarrollo, la paz y el intercambio cultural.

Este impulso estratégico se produce mientras aumentan las fricciones comerciales con otras potencias.

México ha impuesto aranceles de hasta el 50 % a las importaciones asiáticas, abriendo un nuevo frente de tensión con China. Del mismo modo, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido que la UE podría imponer aranceles para contrarrestar el gran superávit comercial de China. A pesar de estas fricciones, altos funcionarios de Estados Unidos y China se han comprometido a cooperar en un acuerdo comercial, lo que indica que los canales de diálogo siguen abiertos en medio de la creciente rivalidad.