Mientras tanto, la guerra continúa con feroces combates en el terreno y ataques a infraestructuras críticas. La administración estadounidense bajo el presidente Donald Trump ha presentado un plan de paz que, aunque no se detalla completamente en los artículos, parece favorecer a Rusia con concesiones territoriales.
Esto ha llevado al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a formular una contrapropuesta.
Tras reunirse con líderes franceses, británicos y alemanes, Zelenski entregó un plan revisado a Washington.
También ha expresado su disposición a celebrar elecciones, una demanda clave tanto de Moscú como de Washington, en un plazo de dos a tres meses, siempre que Estados Unidos y sus aliados europeos puedan garantizar su seguridad.
Trump ha instado a Zelenski a "ser realista" y expresó su decepción por que el líder ucraniano no hubiera "leído la propuesta" antes.
La vía diplomática corre paralela a una realidad brutal en el terreno. Las fuerzas rusas, bajo las órdenes de Vladimir Putin, están inmersas en una gran ofensiva por el control del norte de Donetsk y atacan en nueve frentes en Donetsk, Zaporiyia y Járkov. Ambos bandos libran una intensa guerra de drones, con Rusia interceptando cientos de drones ucranianos y Ucrania sufriendo ataques a su infraestructura energética, lo que ha provocado apagones generalizados en ciudades como Odesa y Kiev. La central nuclear de Zaporiyia también experimentó una pérdida temporal de energía externa.
En medio de estos acontecimientos, Vladimir Putin declaró que está trabajando con EE. UU. en una "posible declaración de paz", lo que sugiere que los canales diplomáticos siguen activos a pesar de las hostilidades en curso.












