Sin embargo, la reconstrucción avanza lentamente, a menudo impulsada por los propios ciudadanos sin apoyo oficial, como en la desolada ciudad de Al-Hajar al-Aswad.

El nuevo gobierno enfrenta profundas divisiones internas; la minoría alauita, que apoyaba a Al-Assad, ha denunciado una mayor opresión y ha convocado a huelgas.

En el frente externo, la tensión con Israel representa una amenaza significativa. El presidente Al-Sharaa ha advertido que la exigencia de Israel de establecer una zona desmilitarizada en el sur de Siria pone a Damasco en una posición “seria y peligrosa”, poniendo en riesgo acuerdos de larga data. La comunidad internacional observa de cerca este proceso, que determinará la estabilidad futura de una nación devastada por más de una década de guerra civil.