Un año después de la caída del régimen de Bashar al-Assad, Siria se encuentra en una frágil y compleja transición liderada por el presidente interino Ahmed al-Sharaa, enfrentando desafíos monumentales de reconstrucción, divisiones internas y crecientes amenazas externas. El aniversario del derrocamiento de Al-Assad fue celebrado en las calles con un llamado a la unidad por parte de Al-Sharaa para reconstruir el país. Se han observado signos de una tímida recuperación económica, con mercados reabriendo y una sensación de libertad renovada.
Sin embargo, la reconstrucción avanza lentamente, a menudo impulsada por los propios ciudadanos sin apoyo oficial, como en la desolada ciudad de Al-Hajar al-Aswad.
El nuevo gobierno enfrenta profundas divisiones internas; la minoría alauita, que apoyaba a Al-Assad, ha denunciado una mayor opresión y ha convocado a huelgas.
En el frente externo, la tensión con Israel representa una amenaza significativa. El presidente Al-Sharaa ha advertido que la exigencia de Israel de establecer una zona desmilitarizada en el sur de Siria pone a Damasco en una posición “seria y peligrosa”, poniendo en riesgo acuerdos de larga data. La comunidad internacional observa de cerca este proceso, que determinará la estabilidad futura de una nación devastada por más de una década de guerra civil.
En resumenLa Siria post-Assad navega entre la esperanza de la reconstrucción y la libertad, y la dura realidad de una economía precaria, profundas divisiones sectarias y peligrosas presiones geopolíticas, especialmente por parte de Israel, que amenazan su frágil estabilidad.