Justificó su postura como una medida necesaria para salvaguardar la vida de los estadounidenses ante el creciente tráfico de fentanilo y otras drogas. Esta amenaza se enmarca en una serie de más de 20 ataques militares contra supuestas “narcolanchas” en el Caribe y el Pacífico, operaciones que, según un mapeo de The Washington Post, incluyeron cuatro bombardeos cerca de Buenaventura, Colombia.

La respuesta del presidente colombiano, Gustavo Petro, fue un rechazo contundente, enfatizando que “Colombia siempre ha defendido el diálogo como solución” y oponiéndose a cualquier agresión militar.

El exembajador de EE. UU. en Colombia, Kevin Whitaker, sugirió que las declaraciones de Trump responden más a una “estrategia política y a un recurso retórico” para su electorado que a una intención real de intervención, argumentando que una acción terrestre a gran escala requeriría la autorización del Congreso y sería contradictoria con la doctrina de Trump.