Organizaciones como Human Rights Watch han calificado estas acciones como “ejecuciones extrajudiciales”.

En el plano diplomático, la relación es ambigua; Maduro confirmó haber mantenido un diálogo telefónico “respetuoso” con Trump, mientras que el mandatario estadounidense describió la conversación de forma lacónica, diciendo que “no salió bien ni mal”. Este escenario se complica con la presión internacional adicional que supone el Premio Nobel de la Paz otorgado a la líder opositora María Corina Machado, quien se encuentra en la clandestinidad.

Además, reportes indican que el respaldo a Maduro por parte de sus aliados tradicionales, Rusia y China, parece haber disminuido.

La situación ha generado preocupación regional, llevando a Panamá a ofrecerse como mediador y aumentando la presión migratoria y de seguridad sobre Colombia.