La presión diplomática y militar de la administración Trump sobre el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela ha alcanzado un punto crítico, con amenazas de una posible intervención terrestre y una intensificación de las operaciones en el Caribe. La estrategia de Washington se ha manifestado a través de una retórica agresiva por parte del presidente Donald Trump, quien ha declarado que a Nicolás Maduro le quedan los “días contados” y no ha descartado una invasión terrestre. Esta postura se complementa con una campaña militar en el Caribe y el Pacífico oriental, donde el ejército estadounidense ha atacado más de 20 embarcaciones calificadas como “narcolanchas”, resultando en decenas de muertes.
Organizaciones como Human Rights Watch han calificado estas acciones como “ejecuciones extrajudiciales”.
En el plano diplomático, la relación es ambigua; Maduro confirmó haber mantenido un diálogo telefónico “respetuoso” con Trump, mientras que el mandatario estadounidense describió la conversación de forma lacónica, diciendo que “no salió bien ni mal”. Este escenario se complica con la presión internacional adicional que supone el Premio Nobel de la Paz otorgado a la líder opositora María Corina Machado, quien se encuentra en la clandestinidad.
Además, reportes indican que el respaldo a Maduro por parte de sus aliados tradicionales, Rusia y China, parece haber disminuido.
La situación ha generado preocupación regional, llevando a Panamá a ofrecerse como mediador y aumentando la presión migratoria y de seguridad sobre Colombia.
En resumenLa estrategia multifacética de Estados Unidos, que combina amenazas militares directas, una diplomacia incierta y el apoyo a la oposición, ha colocado al régimen de Nicolás Maduro bajo una presión extrema, generando un escenario de alta volatilidad y un futuro incierto para Venezuela.