Un año después de la caída de Bashar al-Assad, Siria se enfrenta a una frágil y compleja transición bajo el liderazgo interino de Ahmed al-Sharaa, en un país fragmentado y devastado por más de una década de guerra civil. Los desafíos son monumentales, abarcando desde la reconstrucción física y económica hasta la gestión de nuevas tensiones geopolíticas en sus fronteras. El nuevo gobierno ha logrado algunos avances, como la adopción de una declaración constitucional y la celebración de elecciones, lo que le ha valido cierto reconocimiento internacional. La economía muestra signos incipientes de recuperación, con la reapertura del comercio petrolero y la revitalización de mercados en ciudades como Damasco.
Sin embargo, esta recuperación es lenta y desigual.
En localidades como Al-Hajar al-Aswad, la reconstrucción avanza principalmente gracias a los esfuerzos de los propios vecinos, sin apoyo oficial y con servicios básicos aún ausentes, lo que impide el regreso de la mayoría de las familias desplazadas.
La cohesión social sigue siendo un gran desafío.
Mientras una parte de la población celebra el fin del régimen de Al-Assad, la minoría alauita denuncia una mayor opresión bajo el nuevo liderazgo y ha convocado a huelgas. La seguridad y la confianza están lejos de ser restauradas.
En el plano internacional, han surgido nuevas tensiones. El presidente interino, Ahmed al-Sharaa, ha advertido sobre las exigencias de Israel de establecer una zona desmilitarizada en el sur de Siria. Al-Sharaa considera que esta medida pondría en riesgo el acuerdo de desconexión de 1974 y colocaría a Damasco en una posición "seria y peligrosa", evidenciando que la estabilidad de Siria sigue intrínsecamente ligada a la compleja geopolítica de Oriente Medio.
En resumenA un año de la caída de Al-Assad, Siria se encuentra en una encrucijada. Aunque se han dado pasos hacia la normalización política y económica, la reconstrucción es lenta, las divisiones internas persisten y nuevas amenazas geopolíticas, especialmente con Israel, ponen a prueba la viabilidad de una paz duradera y una transición exitosa.