Sin embargo, esta recuperación es lenta y desigual.

En localidades como Al-Hajar al-Aswad, la reconstrucción avanza principalmente gracias a los esfuerzos de los propios vecinos, sin apoyo oficial y con servicios básicos aún ausentes, lo que impide el regreso de la mayoría de las familias desplazadas.

La cohesión social sigue siendo un gran desafío.

Mientras una parte de la población celebra el fin del régimen de Al-Assad, la minoría alauita denuncia una mayor opresión bajo el nuevo liderazgo y ha convocado a huelgas. La seguridad y la confianza están lejos de ser restauradas.

En el plano internacional, han surgido nuevas tensiones. El presidente interino, Ahmed al-Sharaa, ha advertido sobre las exigencias de Israel de establecer una zona desmilitarizada en el sur de Siria. Al-Sharaa considera que esta medida pondría en riesgo el acuerdo de desconexión de 1974 y colocaría a Damasco en una posición "seria y peligrosa", evidenciando que la estabilidad de Siria sigue intrínsecamente ligada a la compleja geopolítica de Oriente Medio.