Sin embargo, estas reuniones de alto nivel concluyeron sin avances concretos.

Las demandas de Rusia son claras: la anexión del 20% del territorio ucraniano, la retirada de las tropas de Kiev del frente y la renuncia a su ingreso en la OTAN. El presidente Trump expresó su decepción por la lentitud del proceso, reprochando a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, por no haber “leído la propuesta” estadounidense.

Por su parte, los líderes europeos, como Emmanuel Macron, han insistido en que solo Ucrania puede decidir sobre sus territorios, mientras Putin acusa a Europa de obstaculizar los esfuerzos de paz. En el campo de batalla, Rusia afirma haber logrado avances significativos, incluyendo la captura de la ciudad estratégica de Pokrovsk, aunque Ucrania lo niega, calificándolo de desinformación. Los ataques rusos contra infraestructuras energéticas continúan, dejando a ciudades como Kremenchuk sin luz ni agua y afectando a la central nuclear de Zaporizhia.

Mientras tanto, los aliados de Ucrania, incluyendo a la OTAN, Noruega, Polonia, Alemania y Australia, han reafirmado su compromiso de seguir proveyendo ayuda militar y financiera a Kiev.