Los términos del tratado son ambiciosos y contemplan un alto el fuego permanente, un punto crucial para detener la violencia que ha devastado la región. Además, el pacto incluye el desarme de las fuerzas no estatales, que han sido un factor principal de inestabilidad, y establece mecanismos para el retorno seguro de los refugiados y la rendición de cuentas por los crímenes cometidos. El impacto futuro del acuerdo, aunque prometedor, es incierto y dependerá de la implementación efectiva de sus cláusulas. De manera paralela a este acuerdo de paz, se están llevando a cabo negociaciones para un tratado económico bilateral entre Estados Unidos y la RDC. Este segundo acuerdo se enfocaría en la colaboración en sectores estratégicos como la energía, la minería y la infraestructura, lo que sugiere un interés estadounidense en los vastos recursos minerales del Congo, un factor que podría incentivar la estabilidad a largo plazo en la región. La firma de ambos acuerdos marca un momento de potencial transformación para el centro de África, vinculando la seguridad regional con el desarrollo económico.