Macron buscó persuadir a Xi para que presione a Rusia sobre un alto el fuego en Ucrania, al tiempo que abordó el creciente déficit comercial de Europa con China y las acusaciones de competencia desleal, especialmente en el sector de vehículos eléctricos. Por su parte, la administración Trump, aunque reconoce la competencia, ha declarado que busca “estabilidad con China en lugar de conflicto”. Altos funcionarios de ambos países han prometido cooperación en un acuerdo comercial alcanzado en octubre, aunque persisten las fricciones.
La firma de un proyecto de ley por parte de Trump que endurece los lazos con Taiwán subraya uno de los puntos más críticos de la relación, ya que Beijing considera la unificación con la isla como un tema innegociable. Además, China ha criticado abiertamente los planes de Estados Unidos de realizar operaciones militares en Venezuela, rechazando cualquier “injerencia de fuerzas externas” en los asuntos internos de otros países. Esta dinámica de cooperación selectiva y confrontación en áreas estratégicas define el estado actual de las relaciones entre las dos mayores potencias mundiales, con implicaciones directas en conflictos como el de Ucrania y en la estabilidad económica global.












