El eje central de la tensión es la operación militar estadounidense en el Caribe y el Pacífico oriental, justificada como una campaña contra el narcotráfico. Esta operación, que incluye el despliegue del portaaviones más grande del mundo, ha resultado en bombardeos a embarcaciones con un saldo de más de 80 muertos, generando acusaciones de “ejecuciones extrajudiciales” por parte de organismos como la ONU y el Congreso venezolano. La Casa Blanca ha confirmado incidentes controvertidos, como un segundo ataque para eliminar a sobrevivientes de un bombardeo inicial. La retórica ha escalado con la amenaza del presidente Donald Trump de realizar ataques terrestres en Venezuela y Colombia, a quienes acusa de ser “fábricas de cocaína”. Trump afirmó: “Vamos a acabar con esos hijos de perr#”.
En un movimiento sin precedentes, también declaró que el espacio aéreo venezolano debería considerarse “cerrado”, lo que provocó la suspensión de vuelos por parte de aerolíneas internacionales y la condena del gobierno de Nicolás Maduro y otros actores regionales como el presidente colombiano Gustavo Petro. En medio de esta presión, se reveló una llamada telefónica entre Trump y Maduro. Según diversas fuentes, Trump habría dado un ultimátum a Maduro para que abandone el poder, mientras que Maduro habría solicitado amnistía y 200 millones de dólares, peticiones que fueron rechazadas. El Pentágono ha confirmado tener un plan de contingencia por si Maduro deja el poder. La crisis se complementa con el endurecimiento de las políticas migratorias de EE. UU., que suspendió los procesos de residencia y ciudadanía para venezolanos, y la reacción de aliados de Venezuela como China e Irán, que han rechazado la injerencia estadounidense.












