La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un punto de máxima tensión, caracterizado por un agresivo despliegue militar estadounidense en el Caribe y amenazas directas de una intervención terrestre. La administración Trump justifica sus acciones como una operación contra el narcotráfico, pero el gobierno de Nicolás Maduro las denuncia como un plan para derrocarlo.\n\nEl presidente Donald Trump ha intensificado su retórica, confirmando que los ataques terrestres contra estructuras del narcotráfico en Venezuela comenzarán “muy pronto” y afirmando de forma contundente: “Vamos a acabar con esos hijos de perr#”. Esta ofensiva se suma a los ataques ya perpetrados contra 21 embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, que han causado la muerte de 83 personas, acciones que la ONU ha cuestionado. El Pentágono confirmó tener un “plan de contingencia” por si Maduro deja el poder. En el ámbito diplomático, se reveló una llamada telefónica entre Trump y Maduro.
Según fuentes, Maduro habría solicitado amnistía para él y su círculo a cambio de renunciar, petición que Trump supuestamente rechazó.
El propio Maduro calificó la llamada de “respetuosa”. La presión estadounidense se extiende al ámbito aéreo, con Trump declarando que el espacio aéreo venezolano debería considerarse “cerrado”, lo que provocó la cancelación de vuelos de varias aerolíneas y el rechazo de Caracas. La estrategia de Washington incluye el apoyo de países vecinos como Trinidad y Tobago, que ha permitido la instalación de un radar estadounidense, y República Dominicana, que autorizó el uso de sus bases para operaciones antidrogas. China e Irán han condenado la injerencia estadounidense, mientras que el presidente colombiano Gustavo Petro ha pedido respeto a la soberanía venezolana.
En resumenLa crisis entre EE. UU. y Venezuela se manifiesta en una doble estrategia de Washington: una presión militar sin precedentes en el Caribe, con amenazas de intervención terrestre, y una vía diplomática fallida. Esta escalada no solo aísla a Venezuela, sino que también genera una profunda inestabilidad en la región, con reacciones divididas entre los países latinoamericanos y la condena de potencias como China.