El ejército tomó el control apenas tres días después de unas controvertidas elecciones presidenciales, deponiendo al presidente Umaro Sissoco Embaló. El 26 de noviembre, oficiales del ejército ocuparon el palacio presidencial y anunciaron haber tomado el “control total” del país para “restablecer el orden” y “salvar al país” de un supuesto plan de desestabilización. El golpe se produjo antes de que se anunciaran los resultados oficiales de las elecciones del 23 de noviembre, en las que tanto el presidente Embaló como el candidato opositor Fernando Dias se habían autoproclamado vencedores, generando una crisis postelectoral. El presidente depuesto Embaló confirmó su detención y posteriormente llegó a Brazzaville, en el Congo, “para quedarse allí”. Tras la toma del poder, el ejército instituyó al general Horta N'Tam como “presidente de transición” por un período de un año, consolidando así el golpe. Este evento es el más reciente en una larga historia de turbulencia política en Guinea-Bissau, que desde su independencia en 1974 ha experimentado cuatro golpes de Estado exitosos y al menos 17 intentos.

La inestabilidad crónica del país se ve agravada por la pobreza y su papel como un punto clave en la ruta del narcotráfico desde América Latina hacia Europa, factores que complican cualquier esfuerzo por restaurar el orden democrático.