La situación se ha agravado tras las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y el posterior anuncio de un despliegue de misiles cerca de la isla. La primera ministra Takaichi afirmó que un ataque chino a Taiwán podría desencadenar una respuesta militar japonesa, una declaración que Pekín calificó de “provocación grave” y exigió su retractación inmediata. Lejos de retroceder, Japón confirmó el próximo despliegue de sistemas de misiles superficie-aire en islas cercanas a la zona en disputa, como parte de un plan de defensa nacional que busca alcanzar un “alto nivel de preparación militar” para 2027. Esta acción se produjo días después de que Japón desplegara cazas en respuesta al vuelo de un dron chino entre Taiwán y la isla japonesa de Yonaguni. En un intento por desescalar, representantes de ambos países se han reunido, y el presidente chino, Xi Jinping, mantuvo una llamada telefónica con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la que presionó sobre la cuestión de Taiwán. Por su parte, el presidente francés Emmanuel Macron ha sido contactado por China en busca de apoyo, mientras París reitera su adhesión a la política de “Una Sola China”. La creciente militarización de la zona y la firmeza en las posturas de ambos gobiernos mantienen al Pacífico asiático como un punto de alta tensión geopolítica.