Israel ha escalado sus operaciones militares contra objetivos de Hezbolá y otros grupos islamistas en Líbano y Siria, marcando una peligrosa intensificación del conflicto en la región. Un ataque aéreo en un suburbio del sur de Beirut resultó en la muerte de Haytham Ali Tabatabai, identificado como el jefe de Estado Mayor de Hezbolá, lo que representa uno de los golpes más significativos contra la milicia chií en el último año. Este bombardeo en una zona residencial de Beirut, que dejó al menos un muerto y más de 20 heridos, ha sido condenado por el gobierno libanés como una violación del frágil alto al fuego vigente desde noviembre de 2024.
A pesar del acuerdo, Israel ha continuado sus ataques, justificándolos como acciones necesarias para impedir que Hezbolá recupere su capacidad militar.
Simultáneamente, las Fuerzas de Defensa de Israel llevaron a cabo una incursión terrestre en Siria, a unos 40 km de Damasco, que resultó en al menos 13 muertos, incluyendo civiles y niños, y decenas de heridos. Israel afirmó que la operación estaba dirigida contra militantes de la organización Jamaa Islamiya, pero el gobierno sirio la denunció como un “ataque criminal” y un “crimen de guerra”. Estos eventos demuestran la disposición de Israel a realizar ataques de alto perfil en territorios soberanos vecinos, lo que eleva el riesgo de una conflagración regional más amplia y pone en jaque la estabilidad de un alto al fuego que, según los informes, se viola a diario.
En resumenCon ataques aéreos mortales en Beirut que eliminaron a un alto comandante de Hezbolá y una incursión terrestre en Siria, Israel ha intensificado su confrontación con las milicias proiraníes. Estas acciones, que han causado víctimas civiles, violan el alto al fuego con Líbano y aumentan drásticamente el riesgo de un conflicto regional a gran escala.