A pesar del acuerdo, Israel ha continuado sus ataques, justificándolos como acciones necesarias para impedir que Hezbolá recupere su capacidad militar.

Simultáneamente, las Fuerzas de Defensa de Israel llevaron a cabo una incursión terrestre en Siria, a unos 40 km de Damasco, que resultó en al menos 13 muertos, incluyendo civiles y niños, y decenas de heridos. Israel afirmó que la operación estaba dirigida contra militantes de la organización Jamaa Islamiya, pero el gobierno sirio la denunció como un “ataque criminal” y un “crimen de guerra”. Estos eventos demuestran la disposición de Israel a realizar ataques de alto perfil en territorios soberanos vecinos, lo que eleva el riesgo de una conflagración regional más amplia y pone en jaque la estabilidad de un alto al fuego que, según los informes, se viola a diario.