La iniciativa busca poner fin al conflicto, pero ha generado profundas divisiones entre los aliados occidentales.

En el terreno, Rusia ha intensificado sus ataques, utilizando cientos de drones y misiles contra infraestructura energética y zonas residenciales, dejando múltiples muertos y a miles de personas sin electricidad.

Paralelamente, la administración Trump ha presionado por un acuerdo rápido, llegando a filtrar un documento de 28 puntos que, según informes, fue pactado en secreto con Moscú. Este plan incluiría concesiones significativas por parte de Ucrania, como la cesión de territorio en cuatro provincias y la renuncia a su aspiración de unirse a la OTAN, lo que refleja las demandas del Kremlin. La propuesta fue rechazada por las potencias europeas —Reino Unido, Francia y Alemania—, que presentaron una contrapropuesta, calificada por Moscú como “poco constructiva”.

A pesar de las objeciones, Estados Unidos ha enviado delegaciones de alto nivel a Moscú y Kiev para acelerar las negociaciones, con el enviado especial Steve Witkoff reuniéndose con asesores de Putin.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aunque se muestra abierto al diálogo y celebra los avances, ha sido firme en rechazar la pérdida de soberanía territorial. La situación se complica aún más por un escándalo de corrupción interna en Ucrania, que provocó la dimisión del jefe de gabinete de Zelenski, Andriy Yermak, debilitando la posición negociadora de Kiev en un momento crucial.