Aunque decenas de ellos lograron escapar, la mayoría sigue en cautiverio. Este no es un hecho aislado; la violencia ha obligado al cierre de 47 escuelas en la región por temor a nuevos ataques. La autoría de estos crímenes es difusa, ya que ningún grupo los ha reivindicado, pero las autoridades apuntan tanto a bandas criminales que buscan rescates como a grupos yihadistas. La crisis ha trascendido las fronteras, provocando la reacción de figuras internacionales. El papa León XIV pidió la liberación de los 315 secuestrados (cifra estimada en ese momento).

Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó la situación como una "violencia sistemática contra cristianos nigerianos" y amenazó con una posible intervención. Sin embargo, las autoridades nigerianas desmintieron esta afirmación, asegurando que la violencia afecta por igual a musulmanes y cristianos, y aunque aceptan colaboración en seguridad, insisten en el respeto a su soberanía. Mientras tanto, el gobierno nigeriano ha logrado algunos éxitos, como la liberación de 24 escolares secuestradas en el estado de Kebbi, aunque cientos de niños permanecen desaparecidos.