La administración Trump ha justificado su masiva presencia militar, que incluye el portaaviones USS Gerald Ford, cazas F-18, un bombardero B-52 y submarinos nucleares, como una operación contra el narcotráfico.

Esta movilización se intensificó con la reactivación de la base naval Roosevelt Roads en Puerto Rico y la designación oficial del "Cartel de los Soles", que Washington vincula directamente con Nicolás Maduro, como una organización terrorista extranjera. Como consecuencia directa, al menos diez aerolíneas internacionales, entre ellas Iberia, Avianca y Latam, suspendieron sus vuelos a Venezuela tras una advertencia de la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA) sobre el "aumento de la actividad militar". En respuesta, el gobierno de Maduro calificó el despliegue de "provocación hostil", convocó a marchas "contra el imperialismo" y dio un ultimátum a las aerolíneas para reanudar operaciones o perder sus licencias.

La postura del presidente Trump ha sido ambigua; mientras plantea la posibilidad de un diálogo directo con Maduro afirmando que lo haría "para salvar muchas vidas", también advierte que usará la fuerza "si es necesario". Esta crisis ha provocado la preocupación de líderes regionales como Gustavo Petro de Colombia y Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, quienes han rechazado una posible invasión y se han ofrecido a mediar para buscar una solución pacífica.