La decisión ha generado una profunda inconformidad entre numerosos países y activistas, evidenciando una grave división en la lucha contra el cambio climático.
El punto más conflictivo de las negociaciones fue el futuro del petróleo, el gas y el carbón. A pesar de la presión de la Unión Europea y otras naciones para incluir una "hoja de ruta" clara hacia el abandono de estas energías, el borrador final y el acuerdo aprobado evitaron cualquier mención explícita, una omisión calificada como "inaceptable" y "decepcionante" por la UE. La resistencia provino principalmente de los países árabes y otros productores de petróleo. Sara Aagesen, ministra para la Transición Ecológica de España, fue contundente al afirmar: “Europa ha estado en el lado correcto de la historia, no el grupo de los países árabes”. Aunque la UE finalmente no bloqueó el texto para evitar un fracaso total de la cumbre, el resultado fue visto como un "golpe de realidad" que deja un "sinsabor" y refleja una brecha creciente entre lo que la ciencia considera necesario y la voluntad política. La cumbre también estuvo marcada por un incendio en la 'Zona Azul', que obligó a evacuar las instalaciones y suspendió temporalmente las negociaciones, añadiendo más tensión a una recta final ya de por sí complicada.













