UU. y Argentina.
La cumbre, histórica por realizarse por primera vez en suelo africano, expuso la batalla entre dos visiones del orden mundial.
La ausencia del presidente Donald Trump, quien previamente acusó sin pruebas a Sudáfrica de cometer un "genocidio blanco", dominó el ambiente y fue vista como un pulso diplomático con el país anfitrión.
A pesar de que EE.
UU. intentó impedir un acuerdo en su ausencia, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa sorprendió al emitir la declaración conjunta al inicio del evento, demostrando la voluntad colectiva de avanzar. El texto final reafirmó el rol de la ONU y se centró en crisis globales como las de Congo, Sudán, Ucrania y Palestina, además de hacer múltiples referencias al cambio climático y las prioridades del "sur global".
La postura estadounidense fue secundada únicamente por Argentina, dejando a ambos países aislados.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, resumió el sentir de la mayoría al declarar que "el multilateralismo vencerá" a pesar de la oposición de Trump. La decisión de Washington de no asistir a la ceremonia de cierre, donde debía recibir la presidencia del G20 para 2026, fue calificada como una violación del protocolo, consolidando la imagen de una fractura en el liderazgo global.













