A cambio, recibiría garantías de seguridad limitadas. La propuesta fue discutida en Ginebra entre el secretario de Estado de EE.

UU., Marco Rubio, y la delegación ucraniana.

La reacción de Kiev ha sido de cautela y resistencia. El presidente Volodímir Zelenski ha afirmado que no traicionará a su país y que "las fronteras no se pueden alterar a la fuerza", pero al mismo tiempo se ha mostrado dispuesto a trabajar "de forma constructiva" en la propuesta y presentar alternativas para alcanzar una "paz digna". La presión de Washington ha sido considerable, con amenazas de suspender el suministro de armas e inteligencia y un ultimátum inicial fijado para el 27 de noviembre, aunque Trump luego matizó que no era una "oferta final". Los aliados europeos, incluyendo a Francia, Alemania y el Reino Unido, han expresado su preocupación, argumentando que el plan necesita "más trabajo" y que cualquier acuerdo debe contar con el respaldo de Ucrania. Por su parte, el presidente ruso Vladímir Putin ha señalado que la propuesta estadounidense podría ser la "base" para un acuerdo, mientras Trump ha calificado a Zelenski de "desagradecido" ante los esfuerzos de paz.