Israel mantiene tropas en cinco zonas del sur del Líbano y realiza ataques con regularidad, acusando a Hezbolá de “intentar armarse y recuperarse”. La tensión se materializó en incidentes concretos, como una incursión de soldados israelíes en la aldea de Blida, que resultó en la muerte de un trabajador municipal.

En respuesta, el presidente libanés, Joseph Aoun, ordenó al ejército “enfrentar” cualquier futura incursión israelí.

Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, reafirmó la postura desafiante del grupo y exigió una mayor presión internacional sobre Tel Aviv para que cumpla sus compromisos. La situación es seguida de cerca por Estados Unidos, cuya enviada especial, Morgan Ortagus, se reunió con líderes libaneses para intentar reactivar el alto el fuego y establecer un nuevo mecanismo de vigilancia fronteriza. La frágil calma amenaza con romperse, lo que podría abrir un segundo frente de conflicto para Israel, además de su confrontación en Gaza.