La administración Trump evalúa imponer nuevas restricciones a la exportación de software empresarial crítico a China, una medida que replicaría las sanciones aplicadas a Rusia y que podría agudizar la guerra tecnológica entre ambas potencias. El posible anuncio se produce en vísperas de una crucial cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping, lo que añade un elemento de alta tensión a las negociaciones comerciales. El plan de Washington contempla limitar las exportaciones de programas de planificación de recursos empresariales (ERP), gestión de relaciones con clientes (CRM) y diseño asistido por computadora (CAD), herramientas consideradas esenciales para la competitividad industrial de China. Esta acción sería una respuesta directa a las amenazas de Pekín de restringir la exportación de tierras raras, minerales indispensables para la producción de semiconductores y equipos militares.
La medida se sumaría al arancel del 100% que Trump ya anunció sobre productos chinos.
A pesar de la escalada, el mandatario estadounidense aseguró tener una “excelente relación con el presidente Xi” y esperar “lograr un buen acuerdo”, aunque advirtió que habrá represalias si no se alcanza un consenso. La rivalidad tecnológica es un frente central en la disputa geopolítica.
Un informe del Congreso de EE. UU. reveló que en 2024 los principales fabricantes de equipos para semiconductores vendieron tecnología por más de 38.000 millones de dólares a empresas chinas, algunas consideradas amenazas a la seguridad nacional.
Mientras tanto, China redobla su apuesta industrial y tecnológica, consolidando su liderazgo en la robotización industrial, un área donde EE.
UU. y Europa intentan acortar la brecha.
En resumenLa amenaza de nuevas sanciones tecnológicas por parte de EE. UU. contra China eleva la tensión en la víspera de un encuentro presidencial clave, demostrando que la competencia por el dominio tecnológico es un frente central en la rivalidad geopolítica y comercial entre las dos mayores economías del mundo. El resultado de las negociaciones podría redefinir las cadenas de suministro globales y el futuro de la innovación tecnológica.