Bolivia ha experimentado un giro político histórico con la elección de Rodrigo Paz como presidente, poniendo fin a casi dos décadas de gobierno ininterrumpido del Movimiento al Socialismo (MAS). El triunfo del candidato de centroderecha moderada en la segunda vuelta marca el inicio de una nueva era para el país andino, que enfrenta una profunda crisis económica y el reto de la reconciliación nacional. Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se impuso con un 54,5 % de los votos sobre el conservador y expresidente Jorge “Tuto” Quiroga. Su victoria fue posible en gran medida gracias a su compañero de fórmula, Edman Lara, un expolicía y figura popular en redes sociales con un fuerte discurso anticorrupción, que logró captar el voto de los desencantados tanto con el MAS como con la derecha tradicional. Tras su elección, Paz ha prometido “abrir a Bolivia al mundo” y gobernar con un enfoque pragmático, alejado de ideologías, para enfrentar la grave crisis económica que incluye escasez de dólares y combustibles.
Entre sus primeras medidas, anunció que retomará las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde 2008.
El proceso de transición con el gobierno saliente de Luis Arce ya ha comenzado. Sin embargo, el resultado no ha estado exento de controversias. Cientos de personas han salido a las calles de La Paz para denunciar supuestas irregularidades en el escrutinio y exigir una auditoría del proceso, a pesar de que Quiroga felicitó a su rival.
La Conferencia Episcopal Boliviana ha hecho un llamado a la serenidad y a respetar la decisión soberana del pueblo.
En resumenLa victoria de Rodrigo Paz en las elecciones presidenciales de Bolivia marca el fin de 20 años de gobiernos del MAS, iniciando un viraje hacia la centroderecha. Paz planea reabrir Bolivia al mundo, restablecer relaciones con EE. UU. y aplicar políticas de mercado, aunque enfrenta el desafío de gobernar un país polarizado, con una economía en crisis y protestas que denuncian irregularidades en el escrutinio.