Un audaz robo en el Museo del Louvre, calificado como el “robo del siglo”, ha puesto en jaque la seguridad del patrimonio cultural francés. El asalto, ejecutado en tan solo siete minutos, ha generado una crisis institucional y reabierto el debate sobre la vulnerabilidad de los museos más importantes del mundo. En la mañana del domingo 19 de octubre, poco después de la apertura del museo, cuatro ladrones enmascarados utilizaron un camión con plataforma elevadora para acceder a un balcón de la Galería de Apolo. Tras romper las vitrinas con herramientas eléctricas, sustrajeron ocho joyas de valor incalculable de la colección napoleónica, incluyendo un collar de diamantes y esmeraldas que Napoleón regaló a su esposa. La famosa corona de la emperatriz Eugenia, aunque inicialmente robada, fue encontrada dañada cerca del museo.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, admitió una falla de seguridad, declarando que el hecho da una “imagen deplorable de Francia”. El presidente Emmanuel Macron prometió que los responsables serían llevados ante la justicia.
Este incidente no es aislado; en los últimos meses se han registrado otros robos significativos en el Museo de Historia Natural de París y en un museo en Limoges. Las autoridades han iniciado una carrera contrarreloj para recuperar las piezas antes de que sean desmanteladas y vendidas en el mercado negro. El museo permaneció cerrado mientras avanzan las investigaciones, en un caso que recuerda el histórico robo de la Mona Lisa en 1911 y que obliga a Francia a revisar sus protocolos de seguridad patrimonial.
En resumenEl robo de joyas napoleónicas en el Museo del Louvre, ejecutado en siete minutos por ladrones profesionales, ha expuesto graves fallas de seguridad y ha generado una crisis en Francia. Mientras las autoridades emprenden una búsqueda contrarreloj para recuperar las piezas antes de que desaparezcan, el incidente se suma a otros robos recientes, obligando al país a reevaluar la protección de su patrimonio cultural.