Apenas una semana después de asumir la presidencia interina, José Jerí enfrenta una ola de protestas masivas en Perú, lideradas por jóvenes de la “Generación Z”, que exigen su renuncia y la del Congreso bajo el lema “¡Que se vayan todos!”. La violenta represión de las manifestaciones en Lima ha dejado un saldo de al menos un muerto y más de cien heridos, llevando al nuevo gobierno a anunciar la declaración de un estado de emergencia. La crisis estalló tras la destitución de la anterior presidenta, Dina Boluarte, pero la llegada de Jerí no ha logrado calmar el profundo descontento social con la clase política. Las movilizaciones, con epicentro en Lima, se tornaron violentas, resultando en la muerte del joven rapero Eduardo Ruiz Sáenz.
La Policía Nacional del Perú reconoció que el disparo mortal provino de un suboficial de la institución, lo que ha exacerbado la indignación popular. En respuesta, el presidente Jerí lamentó el fallecimiento pero atribuyó la violencia a “grupos infiltrados que buscaban el caos”, mientras solicitaba al Congreso poderes especiales para legislar contra el crimen organizado.
Sin embargo, la legitimidad de Jerí ya está siendo cuestionada dentro del propio Congreso, donde se presentaron mociones de censura en su contra por denuncias pasadas de presunta violación y enriquecimiento ilícito. Aunque estas mociones fueron archivadas, reflejan la fragilidad de su mandato. Organizaciones de derechos humanos y la Fiscalía han iniciado investigaciones urgentes sobre la muerte del manifestante, en un clima de desconfianza hacia las instituciones.
En resumenPerú vive una profunda crisis de legitimidad que trasciende el cambio de presidentes. El gobierno interino de José Jerí enfrenta el mismo rechazo popular que su predecesora, con una juventud movilizada que exige una refundación democrática. La represión violenta y la inestabilidad política amenazan con sumir al país en un nuevo ciclo de ingobernabilidad.