Tras la caída del régimen de Bashar al-Assad, Siria se enfrenta a la cruda revelación de los crímenes cometidos durante la dictadura, mientras nuevas amenazas a la seguridad emergen en el territorio. El descubrimiento de una operación clandestina para mover miles de cuerpos de una fosa común a un sitio secreto en el desierto expone la magnitud de la brutalidad del régimen, al tiempo que un reciente ataque contra empleados del gobierno sirio aviva los temores de un posible regreso del grupo Estado Islámico (EI). Una investigación de la agencia Reuters reveló que el ejército de Assad llevó a cabo la “Operación Mover Tierra” entre 2019 y 2021, trasladando cuerpos desde una fosa común en Qutayfah a un nuevo sitio en el desierto cerca de Dhumair, en un intento por ocultar evidencia de matanzas masivas. Se estima que decenas de miles de personas, entre prisioneros y soldados, podrían estar enterradas en estas fosas.
Este hallazgo se produce mientras el nuevo gobierno interino intenta consolidar el control y buscar reconocimiento internacional.
Sin embargo, la estabilidad del país sigue siendo frágil.
Un ataque reciente a un autobús del Ministerio de Defensa cerca de la frontera con Irak, que dejó cinco empleados muertos, ha sido atribuido por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos a células del Estado Islámico. Este incidente subraya los desafíos de seguridad que enfrenta la nueva administración y la persistencia de grupos extremistas en la región, a pesar de la derrota territorial del califato del EI.
En resumenSiria transita un doloroso camino hacia la verdad y la justicia con el hallazgo de fosas comunes que evidencian los crímenes del régimen de Assad. Sin embargo, la caída del dictador no ha traído una paz completa, ya que la amenaza latente de grupos como el Estado Islámico sigue representando un grave peligro para la estabilidad del país y la región.