Las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela han alcanzado un punto crítico, marcado por una ofensiva militar estadounidense en el mar Caribe y la autorización de operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano. Esta confrontación ha generado una enérgica respuesta de Caracas y una creciente preocupación en la región, incluido el gobierno colombiano. La crisis se intensificó después de que el presidente Donald Trump notificara al Congreso estadounidense que su país se encontraba en un “conflicto armado no internacional” contra los carteles de la droga, lo que justificó una serie de ataques contra presuntas “narcolanchas” cerca de las costas de Venezuela. Estas operaciones, realizadas entre septiembre y octubre, han dejado un saldo de al menos 27 muertos, incluyendo ciudadanos de Trinidad y Tobago, y por primera vez, sobrevivientes en el sexto ataque reportado.
Trump confirmó además haber autorizado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para realizar operativos encubiertos en Venezuela, sin descartar acciones en tierra.
El gobierno de Nicolás Maduro ha calificado estas acciones como “asesinatos extrajudiciales” y una “gravísima violación del derecho internacional”, denunciando un plan para ejecutar un “golpe de Estado” e instalar un “régimen títere” con el fin de apropiarse de los recursos petroleros del país.
En respuesta, Caracas ha reforzado su presencia militar en las fronteras.
La situación ha provocado la reacción de líderes regionales como el presidente Gustavo Petro, quien ha expresado su preocupación de que los ataques estén afectando a pescadores colombianos. En medio de la escalada, informes periodísticos del Miami Herald revelaron supuestas propuestas secretas de altos funcionarios chavistas, incluyendo a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, para una transición política sin Maduro con mediación de Catar, las cuales habrían sido rechazadas por Washington. Más de 100 organizaciones de derechos humanos han solicitado al Congreso de EE.
UU. investigar formalmente los ataques.
En resumenLa confrontación entre EE. UU. y Venezuela se ha intensificado peligrosamente, pasando de la presión diplomática a una ofensiva militar en el Caribe. Mientras Washington justifica sus acciones en la lucha antinarcóticos, Caracas las denuncia como una agresión imperialista por el control de sus recursos, generando un foco de inestabilidad con repercusiones humanitarias y geopolíticas para toda la región.