Madagascar se ha sumido en una profunda crisis institucional después de que una unidad de élite del ejército, conocida como CAPSAT, tomara el poder, declarando la vacancia del presidente Andry Rajoelina, quien huyó del país. El golpe de Estado se produjo tras casi veinte días de protestas masivas lideradas por jóvenes de la "Generación Z", descontentos por la corrupción, los constantes cortes de agua y la escasez de energía. La situación se precipitó cuando Rajoelina, en un intento por frenar su inminente destitución por parte de la Asamblea Nacional, anunció la disolución del Parlamento. Sin embargo, esta medida no detuvo la acción de los legisladores, quienes ratificaron su decisión y solicitaron al coronel Michael Randrianirina, comandante de la unidad militar rebelde, que asumiera la presidencia de facto. El Tribunal Constitucional avaló la vacancia del poder, invitando a Randrianirina a ejercer como jefe de Estado.
El nuevo líder, una voz crítica del régimen depuesto, anunció que encabezará un periodo de transición que podría durar hasta dos años, al término del cual se convocarán elecciones generales.
Las calles de la capital, Antananarivo, que habían sido escenario de intensas manifestaciones, estallaron en júbilo tras conocerse la caída de Rajoelina. El presidente del episcopado de Madagascar, monseñor Fabien Raharilamboniaina, advirtió sobre el riesgo de una guerra civil y llamó al diálogo para alcanzar la paz en medio de la inestabilidad.
En resumenTras semanas de protestas lideradas por jóvenes contra la crisis de servicios y la corrupción, el ejército de Madagascar ha tomado el poder. El presidente Andry Rajoelina huyó del país, la Asamblea Nacional fue disuelta y un coronel ha asumido como presidente de facto, prometiendo una transición de hasta dos años antes de nuevas elecciones.