Un cese al fuego mediado por Estados Unidos entró en vigor en la Franja de Gaza, poniendo una pausa a dos años de conflicto entre Israel y Hamás. La tregua ha permitido el inicio del retorno de cientos de miles de palestinos a sus hogares devastados, mientras corre un plazo crucial para la liberación de rehenes. El acuerdo, impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump, representa un punto de inflexión en una guerra que ha dejado más de 67.000 palestinos muertos y pérdidas económicas que superan los 70.000 millones de dólares. Como parte de la primera fase, las tropas israelíes se han replegado a la denominada "línea amarilla", controlando cerca del 50% del enclave, lo que ha permitido que aproximadamente 250.000 gazatíes regresen al norte del territorio.
Este movimiento dio inicio a un plazo de 72 horas para que Hamás libere a los 48 rehenes israelíes restantes, de los cuales 20 estarían vivos.
A cambio, Israel se comprometió a liberar a unos 2.000 prisioneros palestinos.
El líder de Hamás, Jalil Al Haya, afirmó haber recibido garantías de los mediadores de que "la guerra ha terminado por completo".
Sin embargo, esta visión optimista contrasta con la postura del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien advirtió que Hamás será desarmado y Gaza desmilitarizada "por las buenas o por las malas".
La comunidad internacional observa con cautela; mientras los gazatíes experimentan su primera noche "tranquila" en meses y comienzan la ardua tarea de recuperar los cuerpos de entre los escombros, la desconfianza mutua y los objetivos a largo plazo diametralmente opuestos amenazan la sostenibilidad de la paz. La situación se complica aún más con informes de que Israel causó la muerte de 19 palestinos tras la entrada en vigor del acuerdo, y el escepticismo persiste en Cisjordania.
En resumenEl cese al fuego en Gaza marca un momento crítico de esperanza humanitaria, con el retorno de desplazados y la inminente liberación de rehenes. No obstante, las declaraciones contradictorias de Israel y Hamás sobre el fin de la guerra y los objetivos a largo plazo exponen la fragilidad del acuerdo, dejando el futuro de la paz en una profunda incertidumbre.