La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha escalado significativamente, con informes que sugieren que la administración Trump está preparando planes para posibles ataques militares dentro de territorio venezolano. Esta situación se enmarca en una ofensiva estadounidense contra el narcotráfico en el Caribe, que ha incluido el despliegue de buques de guerra y ataques a embarcaciones, generando una fuerte reacción del gobierno de Nicolás Maduro y advertencias de líderes regionales. Según la cadena NBC, que cita a cuatro fuentes anónimas, el ejército estadounidense estaría evaluando planes para lanzar ataques con drones contra narcotraficantes y laboratorios de droga en Venezuela en las próximas semanas. Aunque el presidente Donald Trump no ha firmado una orden directa, la planificación táctica estaría en marcha.
Esta estrategia se ha visto reforzada por el papel central de Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, quien, según The Guardian, ha dirigido los ataques contra presuntos barcos narcotraficantes venezolanos, justificándolos bajo la designación del Tren de Aragua como organización terrorista. En respuesta, el presidente Nicolás Maduro ha afirmado que Venezuela está “lista para cualquier eventualidad” y ha ordenado ejercicios militares y un simulacro nacional de emergencias.
El canciller venezolano, Yván Gil, declaró en la ONU que su país “no es ni será jamás una amenaza”, mientras Maduro arremetía contra YouTube por eliminar su canal, calificando la acción como parte de la presión “imperialista”. El expresidente boliviano Evo Morales se sumó a la controversia, advirtiendo que “Venezuela puede ser un segundo Vietnam para Estados Unidos” y ratificando su llamado a defender al gobierno de Maduro. La situación ha generado miedo y esperanza en la población venezolana, que se prepara para una posible acción militar mientras la oposición se muestra dividida sobre la viabilidad de una intervención.
En resumenLa posibilidad de una intervención militar estadounidense en Venezuela, aunque no confirmada oficialmente, ha elevado la tensión geopolítica en el Caribe. Mientras EE. UU. justifica sus acciones como una lucha contra el narcotráfico, el gobierno de Maduro las interpreta como una amenaza a su soberanía, preparando a su país para un posible conflicto y generando un clima de incertidumbre en toda la región.