La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha escalado a un nivel militar en el mar Caribe, tras confirmarse múltiples ataques de las fuerzas armadas estadounidenses contra embarcaciones venezolanas. El presidente Donald Trump ha reivindicado estas acciones como parte de una ofensiva antidrogas, mientras que Caracas las denuncia como actos de agresión que amenazan la paz regional. El presidente Trump confirmó que las fuerzas de EE. UU. hundieron una segunda lancha en tres semanas, resultando en la muerte de tres presuntos narcotraficantes venezolanos, y posteriormente anunció que el total de embarcaciones destruidas ascendía a tres. “Todo lo que tienes que hacer es observar la carga diseminada a través de todo el océano, enormes bolsas de cocaína por doquier”, declaró Trump, advirtiendo que se tomarían medidas similares por vía terrestre y aérea. Estas operaciones, descritas como “ataques cinéticos coordinados”, se realizan en aguas internacionales bajo la justificación de combatir el narcotráfico y a grupos que Washington califica como “narcoterroristas”.
La respuesta de Venezuela ha sido contundente. El gobierno de Nicolás Maduro ha calificado los ataques como una “pena de muerte marítima” y una violación del derecho internacional.
En respuesta al despliegue naval estadounidense, que incluye ocho buques y cazas F-35 en Puerto Rico, Venezuela ha movilizado a 25.000 militares y ha desplegado defensas en 284 “frentes de batalla”.
Además, el viceministro de Exteriores, Rander Peña, junto a embajadores de países como Colombia, Cuba y Brasil, expresó su preocupación por el despliegue estadounidense, haciendo un llamado a preservar la paz. Expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU han señalado que “el derecho internacional не permite que los gobiernos simplemente asesinen a presuntos traficantes de drogas”, instando a que las actividades criminales sean investigadas y procesadas conforme al estado de derecho.
En resumenLos ataques de Estados Unidos a embarcaciones venezolanas en el Caribe han elevado la tensión a un nivel de confrontación militar directa. Mientras Washington justifica sus acciones como una ofensiva antidrogas, Venezuela las considera una agresión a su soberanía, desplegando sus fuerzas y buscando apoyo diplomático regional, lo que crea un peligroso foco de inestabilidad en la región.