En una decisión histórica, el Supremo Tribunal Federal de Brasil ha condenado al expresidente Jair Bolsonaro a 27 años y 3 meses de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado. Este fallo sin precedentes ha generado una fuerte reacción internacional, especialmente de Estados Unidos, escalando la tensión diplomática entre ambas naciones. Bolsonaro fue hallado culpable de liderar una “organización criminal armada” que conspiró para impedir la toma de posesión de Luiz Inácio Lula da Silva tras las elecciones de 2022. La trama, según el tribunal, incluía planes para asesinar a Lula, a su vicepresidente y al juez Alexandre de Moraes.
Junto a Bolsonaro, fueron condenados siete de sus excolaboradores, incluyendo cuatro altos mandos militares.
La sentencia ha sido calificada como un hito, ya que nunca antes un expresidente brasileño había sido condenado por delitos de golpismo.
La reacción del gobierno de Donald Trump fue inmediata y contundente.
El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el proceso como “injusto” y una “caza de brujas”, advirtiendo que Estados Unidos “responderá en consecuencia”.
Previamente, Washington había sancionado al magistrado De Moraes y aplicado aranceles a productos brasileños en apoyo a su aliado. El gobierno de Lula da Silva repudió las declaraciones, afirmando que las “amenazas” de Washington no intimidarán a su democracia y que defenderá su soberanía. La defensa de Bolsonaro, por su parte, calificó la condena como “excesiva y desproporcionada” y anunció que apelará en todas las instancias posibles, incluidas las internacionales.
En resumenLa condena de Bolsonaro marca un momento histórico para la democracia brasileña, al responsabilizar a un expresidente y a la cúpula militar por intentar subvertir el orden constitucional. El fallo ha desencadenado un significativo conflicto diplomático con la administración Trump en Estados Unidos, que considera el juicio una persecución política, creando un nuevo punto de tensión en las relaciones hemisféricas.