La centenaria disputa territorial entre Venezuela y Guyana por la región del Esequibo ha alcanzado un nuevo nivel de tensión, exacerbada por el auge petrolero en la zona y recientes incidentes fronterizos. Esta situación pone a prueba la estabilidad geopolítica del Caribe y la capacidad de los mecanismos diplomáticos para evitar un conflicto mayor. La histórica reclamación de Venezuela sobre el Esequibo, un territorio rico en petróleo, oro y recursos naturales que Guyana administra desde el Laudo Arbitral de París de 1899, se ha intensificado en los últimos meses. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, acusó a Georgetown de alentar un "frente de guerra", mientras que Guyana denunció disparos desde territorio venezolano contra una patrulla que transportaba material electoral en el río Cuyuni, en vísperas de las elecciones generales del 1 de septiembre.
Este incidente, aunque no dejó heridos, elevó la alerta en una frontera ya militarizada.
El auge energético de Guyana, que según Global Energy Monitor la convertirá en el país con mayor crecimiento de producción de petróleo hasta 2035, ha atraído el interés de potencias como Estados Unidos y China, añadiendo una dimensión geopolítica al conflicto. El presidente guyanés, Irfaan Ali, quien busca la reelección, ha consolidado la política petrolera iniciada en 2015 tras el descubrimiento de vastas reservas por parte de ExxonMobil.
Analistas como Ryan C. Berg, del CSIS, advierten que el principal reto para Guyana será "gestionar su nueva riqueza de manera inclusiva y estable".
La disputa se dirime actualmente en la Corte Internacional de Justicia, instancia que Caracas desconoce. La combinación de una bonanza económica sin precedentes, unas elecciones clave y gestos de hostilidad militar crea un escenario volátil que podría desestabilizar la región si no se gestiona con prudencia diplomática.
En resumenLa disputa por el Esequibo, avivada por la riqueza petrolera y las recientes hostilidades fronterizas, ha elevado la tensión entre Venezuela y Guyana a un punto crítico. La celebración de elecciones en Guyana en este contexto añade un factor de incertidumbre, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de un conflicto abierto en una región de creciente importancia estratégica.