El video del perro se transformó así en un símbolo del luto colectivo que vive la región, humanizando la tragedia a través de la manifestación de afecto de un animal. Este episodio ha puesto de relieve, una vez más, el profundo e incondicional vínculo que existe entre las mascotas y sus cuidadores, y cómo los animales son capaces de experimentar y expresar el duelo de formas que resuenan profundamente en la sociedad.