Los efectos fisiológicos y de comportamiento son severos: el sistema nervioso de perros y gatos se activa, provocando miedo intenso, taquicardia, temblores, jadeo, vómitos y diarrea.

En casos extremos, el pánico puede llevar a los animales a huir descontroladamente o a sufrir colapsos físicos, especialmente en aquellos con afecciones cardíacas.

Incluso se han reportado casos trágicos, como el de una perra en Medellín que murió al lanzarse desde un octavo piso desesperada por las explosiones. Ante este panorama, líderes religiosos como el obispo de la Diócesis de Pasto han hecho un “enérgico llamado a la conciencia ciudadana”, recordando que la celebración no puede significar poner en peligro a los seres más vulnerables. Como alternativa para mitigar la ansiedad, algunos expertos sugieren el uso de productos como el cannabidiol (CBD) bajo estricta supervisión veterinaria, ya que podría ayudar a reducir la hiperactividad del eje del estrés sin generar una sedación profunda. Sin embargo, la principal recomendación sigue siendo la prevención y la promoción de celebraciones sin pólvora.