El acuerdo, negociado durante casi 20 años, busca reducir aranceles para beneficiar a la industria europea (autos, maquinaria, farmacéuticos) y mejorar el acceso de productos agroindustriales del Mercosur (carne, azúcar, etanol) al mercado europeo.
Sin embargo, los agricultores europeos temen no poder competir con productos sudamericanos, argumentando que en dicha región los costos de producción son más bajos y las normativas ambientales y sanitarias menos estrictas. Este es uno de los puntos más sensibles que ha motivado múltiples manifestaciones en Francia y Alemania.
Además, persisten dudas sobre la capacidad de los países del Mercosur, especialmente Brasil, para cumplir con los compromisos climáticos y las garantías contra la deforestación que exige la UE.
Aunque el pacto tuvo un primer visto bueno en 2019, su ratificación ha estado bloqueada por estas preocupaciones. Macron reconoció los avances en las negociaciones, pero afirmó que el acuerdo ha sido “rechazado unánimemente por la clase política” en Francia, como demostraron los debates en la Asamblea Nacional y el Senado. Para que la oposición de París sea efectiva, necesitaría conformar una minoría de bloqueo en el Consejo de la UE, algo que no parece fácil de conseguir. Aun así, el presidente francés aseguró que seguirá luchando para que la Comisión Europea implemente medidas de protección para los agricultores.













