“Estados Unidos necesita Groenlandia para garantizar su seguridad; Dinamarca no puede hacerlo”, afirmó Trump, cuyas declaraciones fueron respaldadas por gestos simbólicos de su equipo.

La Casa Blanca reconoció que se analizan varias fórmulas para hacerse con el territorio, incluyendo “el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses”. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que se reunirá con representantes de Dinamarca y Groenlandia para abordar el asunto. La isla, con más de dos millones de kilómetros cuadrados pero solo 60.000 habitantes, es un territorio autónomo del Reino de Dinamarca.

Su valor estratégico radica en su posición entre el Atlántico Norte y el Océano Ártico, el deshielo que abre nuevas rutas comerciales y el acceso a recursos minerales críticos como tierras raras y uranio.

Además, Estados Unidos mantiene allí la base espacial Pituffik, clave para su sistema de alerta temprana de misiles. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y líderes europeos como el ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noel Barrot, han reiterado que “Groenlandia no está en venta”. El interés estadounidense no es nuevo, data del siglo XIX, pero fue Trump quien lo trajo de vuelta al debate internacional, generando una crisis diplomática en 2019 y ahora elevando la tensión al no descartar el uso de la fuerza.